Cambio permanente

Gente
divisada en los veranos de las playas.

Una multitud multicolor
siempre renovada
y siempre idéntica.

Intercambiables,
recíprocos,
correlativos.

Multitudes
en el pasar de las edades.

Circunstanciales vivos
relevándose,
sucediéndose,
persistiendo en el azar
de ser y de no ser.

Y antes,
los neandertales.

Ejercicio del cambio permanente.

(Extravagancia infinita, 2019)

Dámaso Alonso airado

Entonces, Dámaso, residían en Madrid
más de un millón de cadáveres,
Madrid era una ciudad
    de más de un millón de cadáveres
y tú te ibas pudriendo lentamente
    en tu nicho,
mientras año tras año
    se iban incrementando los difuntos,
millones y millones de cadáveres
afanados en ser muertos dichosos
o razonablemente satisfechos
o únicamente muertos
    que ningún dios conoce.

Sí, Dámaso, que ningún dios conoce
y que procuran soslayar la muerte
    que les toca
porque es así el mandato del instinto,
y se enamoran y se emparejan
    y engendran más cadáveres
para perpetrar esta ciudad de muertos,
este poblado cementerio
donde existen difuntos
que, de igual modo que ocurrió contigo,
    llevan pudriéndose más de noventa años
y donde hay niños que solo serán niños
y otras injusticias semejantes.
y sucesos diarios
    que nunca deberían haberse producido.

Esta ciudad repleta de cadáveres
donde aún se continúan batiendo alas
    para intentar salvarse
tan inútiles como las tuyas, Dámaso.

(Extravagancia infinita, 2019)

Dos

Tú y yo.

Nosotros
y diversos

uno más uno:
dos.

Aun amándote

(Extravagancia infinita, 2019)

Cita libre

Habitamos el tiempo del asombro y del júbilo,
y el espacio tedioso de los días sin causa,
atestiguando el fatuo discurso desmedido.

El porfiado relato que narra el mismo necio
incorregíble. (Macbeth)

(De Toda la tarde andada, 2017)

Soy

Soy
este lugar de vivos y de muertos,
de júbilos y horrores,
sórdido y magnifico.
Soy este espacio
y este tiempo que ocupo
donde ahora es la tarde y me acompaña
la piel acalorada del verano,
este recinto absorto
en el que siento y cavilo y sucumbo
al hábito instintivo de alegar atavíos
para justificar la circunstancia
irrevocable de ser aquel que soy
y el hecho de ocurrir
en un planeta de una galaxia de un universo
fortuito también.

(De Toda la tarde andada, 2017)

2

Vivir es cuanto somos:
una pasión crecida,
unas palabras donde decir y desdecirnos,
la soledad angosta de habitar un pronombre
y la sorpresa irremediable de sabernos
el momentáneo rayo en la tormenta
de la que ningún dios guarda memoria.
Y que todo se cumpla de ese modo.

Pero no te lamentes, fuiste rayo.

(De Toda la tarde andada, 2017)

Porque es amor

Llegas
alentando el crepúsculo.

Traes contigo jornadas
para vivir sin prisa
y veces y lugares
donde siempre se vuelve.

Decretas sin remedio
el pasmo de mirarte
para que ocurra entonces
la ebria metamorfosis
de restaurar el júbilo.

Todo alcanza a ofrecerse
cuando tu paso acude
y se aviene a mi paso,
todo se hace posible,
inmediato, conforme.

Porque es amor y puede
proclamarse a su modo,
ser veraz o quiméríco,
mudable o denodado.

Eres
como si nunca nadie
pudiera entristecerse
asomado a tus ojos.

(De Mi modo de ser árbol, 2018)

Sin superchería

No pienses
que escribo versos para invocar
los fascinantes matices
y abismales arcanos de la existencia
o de la rosa,
ni para demostrar que soy magnifico.

Escribo versos porque soy poeta
y esto es todo.

Pero si fuese buzo
también te abrazaria en la arboleda
entre los remolinos de las hojas de otoño
y, al llegar el verano,
te besaria a la sombra de las tupidas ramas.
Y mi pasión seria inquebrantable.

Asimismo, al ser buzo
te podria regalar bellos corales estrellados
y monedas antiguas rescatadas
o una herrumbrosa brújula apuntando a tus senos.

Creo que ganarias con el cambio.

(De Mi modo de ser árbol, 2018)

Aquel día

Aquel día tú me amabas
y yo no sabia entonces que hoy iba a recordarte
con tu vestido rojo y tu mirada lenta
sobre un fondo de música,
mientras Madrid, afuera, era un retal de invierno
entoldando una calle de barrio junto al rio.

Sucedemos
en el tropel constante de las cosas,
como ocurre la zarza
y el toro al que apuntillan en la arena,
como el bosón de Higgs
y la fluida expansión de las galaxias.

Transcurrimos sin tregua
pero me amabas aquel día.

(De Mi modo de ser árbol, 2018)

Humano a contravida y contramuerte, III

III

Me están danzando los enigmas.
Atravieso mi laberinto humano.
Los himnos conocidos crepitan
desdiciéndose
y las acciones nacen neblinosas.

El inconsciente presentir.
De niño tenías cabellos rubios
y una muñeca negra
con los ojos pintados extrañamente
azules.

Los relojes han ahorcado a las horas
y estamos indecisos
midiendo el tiempo en metros y kilómetros.

Pesadez de los sueños.
He inventado el oráculo
que predice el pasado falsamente
y la irresolución de los problemas.
Guardo un álbum de besos disconformes
en el cajón de mi futuro
y un turbante de manos desquiciadas,
y el esqueleto indiferente que me habita.

Incomprensión de las presencias.
Mirándoos,
ensamblo las redes del ahora
- surco, tedio, crisálida -
y os descubro insólitos,
distantes de mi impaciencia

Soy un cadáver
tras incontables sienes.
Y este hedor de mis huellas
es por todos nosotros,
esquelas renovadas sin motivo.

Me están danzando incontenibles,
y desclavo sus raíces,
y estoy sembrado de misterios
nuevamente.
La zarabanda indescifrable.

(De Poemas con maleta, antología)

Tras el amor

¿Qué rastro habrá en nosotros tras el amor?
Ligero es el abrazo
que oculta nuestra piel y nos enlaza.
¿Qué palabras, qué gestos
se habrán vuelto distintos?
Y es posible que escupas contra el suelo
y sean de otro la rabia y el fracaso.

¿Qué tizne habrá en nosotros
después de tanto incendio hermosamente inútil?
¿No es hermoso lo inútil?
Y los ojos, ahora, ¿qué perfil nos describen
desamado y preciso?
¿No habrán sido imposibles
los deseos más francos y las manos más ebrias?

Una espera de locos es vivir sin embargo,
aunque el rastro perviva
y otro amor nos alcance.
Aunque amar será siempre
y vivir será idéntico.

(De Poemas con maleta, antología)

Picotea la ausencia

Pícotea la ausencia
de los pájaros
entre las horas del jardín.

Alguna vez
miramos las estrellas
porque tampoco es nuestra noche.

El agrietado banco
del jardín.
Y el estanque,
la estatua del jardín.

Menos el sol,
está todo el jardín,
hasta la soledad.

Alguna vez
ahorcamos el silencio
—amamos todavía—.

(De Alguno habló de soledad, 1969)

Para siempre

Hombre,
te observo acá,
bajo los pájaros.
Te escucho aquí,
desde las calles,
hombre.

Te prolongas en mi odio
y compartimos
la paciencia infinita.

Somos nosotros
y no tú.
Nosotros
y no yo.

Víctimas o verdugos,
para siempre
únicamente hombres
muertos,
vivos.

(De Alguno habló de soledad, 1969)

Aún

Aún queda esa confianza
terrible
de las cosas:
esa presencia
exacta
del crepúsculo,
los árboles,
el grillo.

Aún nos ahogamos
terca, torvamente,
con la mirada suya,
con el surco,
con todo lo heredado
y que no sirve.

Aún tendemos
nuestra presencia al hambre
de mañana,
a la ternura densa
de enfrentarnos
con nuestros hombros rotos
diariamente.

Aún decimos
una alegría grande
de ser hombres,
una conciencia plena
de ser hombres.

Y alguno habló de soledad;
Y es cierto.

(De Alguno habló de soledad, 1969)

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